Este pasado sábado se debería haber disputado el Rally Ciudad de Telde, y como no lo hemos podido disfrutar por estar confinados por el coronavirus, el grancanario Alberto Monzón recuerda sus inicios.
Y a falta de carreras (este sábado deberíamos haber estado corriendo el Rallye de Telde) y sin mejor cosa que hacer, aparte de la salsa de tomate que a fuego lento estoy haciendo, voy a intentar rememorar lo vivido precisamente en mi primer Rallye de Telde, allá por el año 2000.
Como siempre digo, mi debut como piloto fue en el rallye de mi pueblo, de Santa Brígida, esa misma temporada, pero la mecánica nos acompañó tan poco tiempo que no duramos dos kilómetros en carrera, por lo que a los efectos, aquel Telde lo considero mi primera carrera.
Debido al temprano fiasco de Santa Brígida, preparamos muy bien y con muchísimas ganas esta prueba, ya que tanto mi eterno Pedro como yo éramos terriblemente competitivos y teníamos el orgullo herido.
Cierto es que tampoco nos podíamos volver muy locos porque no teníamos ninguna referencia real de dónde podíamos estar con respecto a unos rivales a los que nunca nos habíamos enfrentado.
Por no saber, no teníamos ni idea de nuestro potencial real, y yo a lo único que le tenía pánico era a hacer el rídiculo si realmente eso de correr no se me daba tan bien como yo creía. Encima, la responsabilidad añadida del peso del apellido Monzón, que puede ser una ventaja en algún aspecto pero al mismo tiempo es un lastre que no siempre me ha sido de ayuda precisamente.
Nuestro objetivo era luchar por ganar el Campeonato Movistar de Promoción, donde los pilotos debutantes de la época nos debíamos medir. Nuestro mayor rival aquel año era Javier Rodríguez, siempre rápido con aquel bonito Citroen ZX. En ese rallye lo acompañaba un tal Rogelio Peñate, así que por lo visto, ninguno de los cuatro componentes de esos dos equipos éramos precisamente mancos.
Lo cierto es que han pasado 20 años y no tengo presente los tiempos tramo a tramo, pero sí recuerdo que entablamos una bonita lucha con Javier-Rogelio que nos estaba llevando a ambos a meternos en la parte alta de la clasificación general.
Estábamos viviendo una cantidad de sensaciones nuevas que no eran del todo fáciles de asimilar y gestionar, puesto que veíamos que realmente éramos competitivos, ya que teníamos por detrás a muchos equipos experimentados y de renombre. A esa ecuación le metes a un joven Monzón y un Álvarez y la posibilidad de acabar en el podium o en el chapista se dividían al 50/50.
Recuerdo que me enfadé muchísimo en la primera pasada de Era del Cardón porque en la zona rápida, llegando a meta, una sucesión de izquierdas en quinta a fondo, había tal cantidad de gente caminando a ambos lados de la carretera que incluso tuve que levantar el acelerador por miedo a atropellar a alguien. Mi frustación y rabia fueron tan grandes que me prometí a mí mismo que nunca volvería a aflojar por nada ni nadie que no respetara de igual manera a todos los participantes.
Tan es así que en la segunda pasada por ese punto me encontré el mismo panorama pero esta vez no aflojé y toqué a alguien con el retrovisor. No me alegro por ello, pero nunca he vuelto a modificar una trazada.
En la exigente rampa de La Pasadilla reventamos un manguito del turbo y perdimos un valioso tiempo que nos hizo luchar hasta el último tramo para recuperar lo perdido.
En mi vida olvidaré cuando íbamos en el enlace para salir al último tramo y Pedro, muy serio, me dijo: «Alber, para en la gasolinera que me estoy cagando». A lo que respondí: «joder, yo también!! Sería por los nervios y la ansiedad de acabar delante y ser primeros de nuestro campeonato.
Lo cierto es que salimos de allí con un buen cuerpo de que nos íbamos a comer el mundo. Afortunadamente, no nos flipamos más de la cuenta y acabamos cumpliendo el objetivo.
Fueimos primeros del Promoción-Movistar, 3º del Grupo T y 10º de la general, que para ser nuestro «primer rallye» no estuvo del todo mal.
Como última anécdota, al día siguiente, en un programa que se emitía los domingos por radio desde Tenerife a nivel regional, dedicaron un par de horas largas a hablar del rallye, entrevistar a sus protagonistas y destacar lo que su «entendido» conductor creía destacable.
Lo cierto es que, además de las lógicas entrevistas a los 3 o 4 primeros clasificados, se recrearon especialmente en el equipo que quedó por delante de nosotros, ya que por lo visto era de un mérito galáctico quedar 9º de la general con un coche de 400 cv. Tanto a Javier como a nosotros prácticamente ni nos nombraron. Ahí empecé a entender de qué iba este negocio. Pero eso lo dejamos para otro capítulo…
Esta entrada fue modificada por última vez en 05/04/2020 6:49 pm
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