El piloto grancanario Alberto Monzón correrá esta temporada a los mandos de un Renault Clio Cup N2, y recuerda que mantiene un ‘idilio desde la infancia’ con la marca gala, por lo que espera que “acabe bien”.

Alberto Monzón
Cuando vas a afrontar un proyecto deportivo tienes que intentar encontrar el mejor coche posible acorde a tu presupuesto. En principio, nuestra realidad económica tenía como techo un R2. Me gusta mucho compartir mis inquietudes con mi amigo Conrado Ávila (Cacperfomance.com PFC Brakes), toda una institución en el mundo del motorsport y cuyas opiniones siempre me merecen el máximo respeto.
Así que me planteó la posibilidad de hacerme con un Clio Cup N2, teóricamente algo inferior a los R2 pero considerablemente más asequible. Él mismo corrió con esa unidad el año pasado e hizo unos tiempazos sorprendentes para un tío que ha hecho de todo en competición a nivel mundial pero que curiosamente nunca había pilotado en una carrera. También hablé con un piloto al que sigo hace tiempo y con el que también tengo buena relación hace años, Oliver Nieves. Me dijo que no lo dudara, que él estaba muy contento con los dos rallies que hizo la pasada temporada. ¡Como para no estarlo! Sexto de la general detrás de todos los coches gordos. ¡Ahí es nada!

Esa es la parte pragmática del asunto. Pero lo cierto es que, aunque a veces no estés siendo consciente, hay lugares en tu cerebro donde quedan guardadas cosas que afloran cuando menos te lo esperas.
Cuando era pequeño recuerdo estar en casa de mi madre en Santa Brígida una noche entre semana y oír un estruendo grande. Salí corriendo al jardín, cuya carretera general está dos metros por debajo y venía de vuelta el causante de ese sonido celestial. Era Santi Álvarez con su Renault 5 Maxi Turbo. A la altura que yo estaba, se me quedó grabada la imagen del rombo de Renault en el techo. Ese creo que fue el primer momento en el que soñé con ser piloto de rallies algún día. Si a eso le unimos que mi amigo del alma, Pedro Benítez Álvarez, era primo de Santi y estaba familiarmente ligado a la marca de pies a cabeza (Savehsa Renault), es imposible que no me una algo muy especial de por vida con la marca francesa.
Dicho y hecho: mi primer coche de carreras fue un Renault 5 GT Turbo de Grupo A copilotado magistralmente por mi eterno Pedro. Cierto es que nos dio algunas alegrías y varios disgustos, pero realmente no fue culpa de él. Aquel viejo guerrero necesitaba varias piezas nuevas y yo no tenía casi ni para correr con mi humilde sueldo por aquel entonces de 600 euros y pagando el crédito de la compra del coche. ¡Gracias madre por avalarme ese y otros que vinieron después!

Cinco años después, David Santana me cedió su Renault Clio Sport para hacer esa temporada. Salimos al primer rallye, como siempre, el de mi pueblo de Santa Brígida, y casi sin haberlo probado estábamos sextos de la general luchando con grandes pilotos y coches. Después tuvimos que hacer tres tramos sin embrague y acabamos octavos.
Acto seguido vino el denominado Rally de Canarias por aquel entonces y un pinchazo en el segundo tramo y una salida en el cuarto nos dejaron fuera. Nos fuimos a probar suerte a Tenerife y todo iba bien hasta que una rueda salió volando en el Cruce del Pinalete y ahí tuvimos que dejarlo por ese año.

Al año siguiente me cedieron un Renault Megane y corrí precisamente la Subida de La Guancha. El coche tenía la suspensión trasera en condiciones de todo menos para correr, pero yo estaba como un niño pequeño con poder correr por primera vez con una caja secuencial. Iba tan loco que parecía un tracción trasera. Lo perdía de atrás constantemente, pero me divertí muchísimo. Pocas veces en mi vida he visto una afición tan bestial como en La Guancha. Solo por disfrutar y hacerles disfrutar, valió la pena esa carrera.
Resumiendo, creo que este proyecto deportivo del Maderas El Pino Rally Team, además del más bonito y ambicioso de mi carrera deportiva, es una nueva oportunidad para que ese idilio desde la infancia que tengo con Renault, acabe bien.
Creo que es la primera vez que hago tanta publicidad a una marca que no me está patrocinando en la actualidad, pero eso no va a cambiar mi amor por el rombo ni mi propia historia. El mundo es redondo, quién sabe…

