Alberto Monzón recuerda su época con sus ‘enemigos íntimos’ Migue Brito y Fran Suárez

El piloto grancanario Alberto Monzón recuerda su época de la Copa Toyota Yaris con sus ‘enemigos íntimos’ Migue Brito y Fran Suárez.
 
Alberto Monzón
 Encontré este fotón que Juan Carlos de Felipe nos hizo en una Carrera de Campeones hace unos años y me llevó directamente a esa bonita época de las copas monomarca. En esa foto están dos de mis mayores enemigos íntimos de la época, Migue Brito y Fran Suárez.
 A veces me preguntan si alguna vez hice algún curso de conducción, a lo que muy serio respondo: efectivamente, la Copa Toyota Yaris 2001. Además de Migue y Fran, Claudio Molina o Paquillo ‘Meygo’ son algunos de los profesores de aquella escuela. Tíos que de verdad nacieron para competir.
 Te despistabas y te caían hostias por todos lados en cualquier tramo. Te hacían sentir mediocre si no dabas el 100% en todo momento. Cuando te ponías el casco eran tus peores enemigos, querías arrancarles la cabeza en el primer tramo para que vieran que ese día no iban a poder contigo. El corredor que no reconozca haber sentido algo así o está mintiendo o nunca ha competido con un nivel de intensidad auténtico. No es que corriéramos a la décima en cada tramo, es que era raro el rallye donde la diferencia final entre los primeros no fuera mínima.
 En 2002 se unieron Jonathan Suárez y Benjamín Avella para hacer aún más competitiva la copa. Y es que hay que reconocer que Manolo Acosta supo inventarse un coche de carreras con una suspensión resultona, un grupo corto, autoblocante, y un motor de serie de 106 cv con una electrónica que no se podía tocar. Visto así nadie hubiera dado un chelín por la competitividad de aquellos coches, pero lo cierto es que nos acabamos metiendo entre los 10 primeros de las clasificaciones de muchos rallies.
 Valgan dos ejemplos de diferencias entre primero y segundo esa temporada 2002:
 -Rallye Isla San Miguel de La Palma: gano la copa por 1,7 segundos delante de Migue Brito.
-Rallye Teror: me gana Fran Suárez por 1,9 segundos.
 En 2003 cambié de aires, de coche y de rivales. No me tendieron precisamente una alfombra roja para recibirme en el Desafío Peugeot 206, donde los palmeros Victorino Concepción y Alberto Adrián, sobre todo, y Heriberto Godoy y Leandro Santana en algunas carreras me apretaron las tuercas al máximo. ¡Vaya tíos estos también! Ahí aprendí que, aunque el coche y los rivales sean diferentes, el nivel de pilotaje de los que van delante es altísimo en cualquiera de estas copas.
 Valga el ejemplo del Rallye Isla de Tenerife, donde tras un día corriendo al máximo y con anécdotas como hacer casi todo el tramo de Arico con el maletero abierto, estábamos en plena remontada en los tramos nocturnos a tan solo medio segundo de Victorino antes del último tramo; en aquella ocasión la bajada de Güímar. ¡Casi nada para jugarte un rallye! No hubo muchas palabras en ese tramo de enlace, no hacían falta tampoco. La presión y la determinación por intentar ganar está en nuestro ADN. El rapidísimo palmero no lo iba a poner fácil, eso estaba muy claro. De esos tramos que acabas en la grúa camino del chapista o descorchando el champán. Pues ni una cosa ni la otra, se neutralizó el tramo y no pudimos ni intentarlo.
En 2004 volvimos a la Yaris y por si era poco con los antiguos rivales se unía a la fiesta Armide Martín. La primera carrera, el Rally de Canarias, es una clara referencia de lo que fue aquella temporada, donde tras dos intensas jornadas en condiciones de seco, mojado, nocturnidad y niebla, Armide nos gana por 1,1 segundos. No se me quitaba de la cabeza el valioso tiempo que perdimos en el primer tramo del rallye detrás de Patricio González y su MG Metro con problemas intermitentes. El bueno de Patricio me dijo que no me había visto y yo le creo, pero visto lo visto, ese chorro de segundos nos arruinó la victoria.
 En definitiva, y a lo que venía esta reflexión, es que siempre me pueden oír llamando rivales o, directamente, enemigos a todos los que me han puesto las cosas difíciles en competición, pero es precisamente por todos y cada uno de ellos por los que aprendí a entrenar mejor, hacer los reglajes del coche, mejorar trazadas, frenar 5 metros más adentro, soportar todo tipo de presiones; en definitiva, ser mejor competidor.
No guardo el más mínimo sentimiento negativo hacia ninguno de ellos, muy al contrario, he llegado a sentirme orgulloso y en cierta manera una pequeña parte de los éxitos que obtuvieron en temporadas posteriores porque juntos nos hicimos mejores.
Ojalá un día nos volviéramos a encontrar en el asfalto a coche iguales y volver a picarnos a muerte, aunque eso no parece sencillo. Igual sería más realista plantear un encuentro con esa camada de grandes pilotos y copilotos para contar batallitas de la época y confesar (ahora ya sin necesidad de engañar al rival) si en aquella u otra curva o rasante entrabas a fondo o no. Podría ser bonito, ¡ahí lo dejo!
 Un abrazo a todos y, de nuevo, gracias, ya que cada décima que le pueda rascar a los nuevos rivales que pueda tener en mi vuelta a las carreras, se lo deberé a todos ustedes siempre.

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