Alberto Monzón: “Alguien cómodamente sentado en una silla decidió quitarnos lo ganado en la carretera”

El equipo formado por Alberto Monzón y Aday Suárez (Renault Clio Cup), el que más rallys ha disputado en Canarias hasta la fecha, se desplazó desde Gran Canaria, nuevamente, hasta Tenerife para tomar parte del Rally Orvecame Norte, segunda cita del Campeonato de Canarias de Rallys de Asfalto 2020, donde, a pesar de la lista de inscritos de altísimo nivel, lograron finalizar en la décima posición, aunque una penalización tiró al traste tida su alegría.

Alberto Monzón

Esta debería ser una reflexión post carrera feliz, con la satisfacción del trabajo bien hecho y del objetivo conseguido. Un décimo de la general y segundos de categoría que nos ponía muy de cara el Campeonato Autonómico. Una recompensa al trabajo de todo mi equipo y al esfuerzo económico de nuestros patrocinadores principales y artífices de este proyecto deportivo: Maderas El Pino y Arucla Construcciones y Reformas.

En cambio, no lo es. Y no lo es porque alguien cómodamente sentado en una silla decidió quitarnos lo ganado en la carretera. De nada sirvió el preparar la carrera a conciencia estudiando cada trazada al milímetro, buscando la referencia adecuada, descubriendo las trampas del trazado para no salirnos de la carretera.

Tampoco nos valió salir a los dos últimos tramos a arriesgarlo todo por no perder esa situación de privilegio en una carrera con un plantel de pilotos, copilotos y coches espectacular. ¿Qué más da ahora la machada de meternos sextos de la general en un último tramo con unas condiciones de suciedad y agua infernales?

Todo esto viene provocado por una situación no buscada ni generada por nosotros. Sales a un tramo a dar tu máximo siempre, de eso va este deporte. A los dos o tres kilómetros de estar en tramo el dispositivo GPS que llevamos dentro del coche nos indica bandera roja. Este dispositivo es relativamente nuevo para nosotros y nuestra familiaridad con el mismo no es aún muy amplia. De hecho, era la primera vez que recibía una bandera roja en mis años de carreras. Bandera, por cierto, que ningún comisario de ruta nos mostró. Bandera roja que, a los varios kilómetros, cuando llegamos al lugar del accidente, comprobamos que los buenos de Neftalí y Estefanía estaban en perfecto estado y su Porsche con una pequeña rotura que les impedía seguir en condiciones de seguridad, pero en ningún caso representaban un peligro para el transcurso del tramo, ni ellos solicitaron ningún tipo de asistencia como me han confirmado.

Tan es así que el tramo se reanudó minutos después. Si a lo largo de mi carrera deportiva me hubieran sacado bandera roja por cada vez que he pasado por un tramo con un percance como el de esta ocasión, habría corrido neutralizado en el 90% de ocasiones. Una bandera roja ridícula que lo único que muestra es la absoluta falta de templanza del señor que aprieta ese botón. Probablemente el mismo señor que además de no reconocer su error, nos aplica a tres equipos la humillante y absolutamente desproporcionada sanción de un minuto de penalización y 200 euros de multa. 200 euros que con gusto me gastaría invitándole a cenar y explicarle la tensión que se vive dentro de un coche de carreras donde nos jugamos la vida por mejorar una décima en una curva.

Y esto para que me digas que he superado los 80 km/h máximos permitidos en estas circunstancias en dos rectas (con total visibilidad y sin representar peligro alguno). ¿Y tú qué sanción recibes por sacar una bandera roja sin razón de ser alguna? ¿Quién te sanciona por dejarnos después medio rallye sin aparecer en clasificación y hacernos correr totalmente descentrados sin saber qué iba a pasar con nosotros? ¿Qué castigo hubieras recibido si por arriesgarlo todo en los dos últimos tramos sin tener aviso alguno de esta sanción que tú (y quién sabe quién más) ya sabías que nos ibas a meter nos salimos de la carretera con un incierto desenlace?

Noches de rabia como la del sábado en la que no pegué ojo o días de tristeza absoluta como ayer y hoy, te hacen plantearte si vale la pena seguir arriesgando todo lo que tienes y lo que no, y me consta que no soy el único deportista que ha sentido esto. Antes que a mí ya aburrieron a muchos que no quieren saber nada de las carreras, y es que el día que se enteren de que los competidores somos los clientes que mantienen este negocio con vida, me temo que ya será demasiado tarde.

En fin, nada nos quitará la satisfacción de ese último bucle donde Aday, nuestro Clio y yo nos fundimos en un solo ente para volar bajo por esos bonitos tramos y defender a muerte nuestra décima posición, que en la carretera es la que obtuvimos. Son esos momentos de concentración y compenetración absoluta los que nos hacen ser unos adictos a esta droga. Y es esta pasión de todo punto irracional la que nos hará volver a correr aún con más rabia, pero con el temor de que algún inepto falto de empatía decida tirar el trabajo de todo tu equipo a la basura dándole a un botón o firmando una absurda sanción.

Agradecer el esfuerzo de nuestra asistencia JRT Motorsport, que se volvió a fusionar con nuestros amigos de Ten-Asfaltos para solucionar algunos problemillas que fueron surgiendo en carrera y que solventaron con la máxima eficacia. Ellos tampoco se merecían este desenlace.

No puedo acabar sin mostrar mi profunda pena por la joven valiente que se nos fue el sábado en un accidente haciendo lo que le apasionaba. Y es que, aunque muchas veces no lo tengamos presente, este es un deporte de alto riesgo que a veces nos da un bofetón de realidad tan descorazonador como este. Por las fotos que he podido ver, se notaba que era una chica que desprendía alegría y vitalidad, y así, con su eterna sonrisa tendremos que recordarla. Un abrazo muy fuerte a la familia del motor en general y a la de Laura Salvo en particular.

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