Dominguita, la orgullosa abuela de su piloto, Toni Afonso

El piloto grancanario Toni Afonso ha tenido un precioso detalle de reconocer la memoria de su abuela Dominguita, que estaba orgullosa de ver correr a su nieto, a pesar de sus lógicos miedos y respetos.

Toni Afonso

Bueno, cómo empezar esto… Quizás sea lo más complicado, ya que una vez empiezas, es seguir soltando todo lo que uno pueda tener dentro. Son muchas las anécdotas que podría contar y las vivencias por las que sería una narración eterna.

Poca era la gente que no conocía Dominguita, fuera donde fuese en algún pueblo remoto, sabían de ella. También gracias a muchos medios de comunicación que indirectamente la hacían partícipe de las comunas que se montaban, ya que el icono del pueblo de casa blanca representaba la opinión de toda esa gente que no tenían valor para hablar.

Hablar… ¡qué palabra tan bonita! Esa era su arma más fuerte, el diálogo, como decía literalmente: “me puede pasar cualquier cosa, pero que no me quiten la lengua”. Persona con la que se podía hablar de todo, que a pesar de todo el cambio evolutivo que hemos vivido, Dominguita era toda una adelantada a su tiempo, cuestión que se ha venido hablando en estos días.

Quien anda mucho con gente mayor habrá escuchado: “¿y tú de quién eres?; y con gusto respondía: “nieto de Dominguita”. Y con eso era suficiente. Creo que a todos los primos nos ha pasado y, al principio, sobre todo, asusta, pero cuando entiendes el significado de la frase, sacas pecho y lo dices con orgullo. Mucha de las charlas que daba en los centros escolares ella se daba a conocer como la abuela de todos esos niños que se identificaban con ella como la abuela que todo el mundo espera tener, porque daba toda su sabiduría sin esperar nada a cambio.

Sabía transmitir y conectar con la gente. Yo creo que tanto transmitía que incluso si le hubiera dado por presentarse a alcaldesa, le sobrarían los votos para ganar. Tuvo la suerte de recibir numerosos reconocimientos por todas las hazañas realizadas en todo este tiempo, y qué mejor regocijo que ver tu trabajo recompensado y que los tuyos lo vean contigo, no tiene precio.

Recuerdo esas ferias de ganado en el pueblo, cogidas de papas en las casillas, ir a misa todos los sábados, o simplemente ir a jugar a la lotería. Ese tiempo juntos caminando para arriba y para abajo, con numerosas charlas de todo tipo. La complicidad de que con una mirada era suficiente para saber si todo estaba bien u ocurría algo.

El ¡tú estás loco como se te ocurre subirte en un coche de carreras y que encima pasas por aquí delante! Y días más tarde estar llamando a la radio diciendo que estaba orgullosa de que su nieto y su yerno corrieran por su pueblo y que había que apoyarlos, y allí sentada frente a la carretera o desde la ventana, estaba ella cuando pasábamos. Tramo que personalmente me enamora y es de mis favoritos, y que de repente pasa a ser el más duro.

Mi segunda madre, por poner un orden, en otro duro momento hace cerca de 22 años ahora mismo, con penas 6 años, me dijo: «tú, cuando te sientas solo, recuerda mirar hacia el cielo y la estrella que más alumbre es esa persona que te ilumina el camino y te acompaña» . Ahora no solo va estar esa estrella si no que siempre va a haber dos seguidas en una lucha por ver quién se ilumina más.

Dicho este desahogo literario solo quiero a agradecer a todas las personas que nos han brindado el apoyo en estos momentos, por todo tipo de medios y con las medidas que tenemos de “el bicho» que nos tiene a todos enmascarados. Que descanse en paz y que continúe en el corazón de todos.

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