La última vez que nos encontramos casualmente fue hace años, un 14 de septiembre, festividad del Cristo de La Laguna. Presuroso, con su señora, calle San Agustín abajo, nos indicó que no quería perderse el motete lírico que el Orfeón La Paz le obsequiaba al Cristo, como era tradicional, en la procesión del mediodía. Se emocionó al mencionarlo, casi como cuando se embelesaba oyendo las carburaciones afinadas de sus mejoras personales habilitadas para las cuestas de Las Mercedes o Vilaflor…
Maestro Servando compitió en todas las modalidades del deporte. Asesoró a mecánicos y a pilotos, sin distinción. Fue un conductor agresivo y muy técnico que compitió en diferentes épocas amoldándose a las corrientes reglamentarias vigentes. Y fue un puntilloso conversador sobre las argucias y preparaciones habilitadas en sus contendientes.
Las legales y las tramposas, como le gustaba mencionarlas. Creó una escuela de seguidores polarizada desde los míticos talleres laguneros de Juan Cruz Rojas. Y supervisó las actuaciones de su sobrino Enrique Cruz, cuando niño y a los mandos de un kart, en aquella fase primaria en desarrollo.
Mis condolencias a la familia. Y un abrazo al cielo, amigo Eladio. Descansa en paz.