José María Ponce y Carlos Larrodé, patrimonio del automovilismo canario y nacional: ¡Gracias por tanto!

Ver a José María Ponce y Carlos Larrodé ilusionados con su nueva aventura en el Rally Islas Canarias era alegría para el cuerpo, gasolina en vena. Ver que, a pesar de no estar con una montura de las llamadas de primer nivel para poder optar a la lucha por la victoria, la ilusión que ambos tenían y transmitían, era como la de antaño y toda una clase magistral y gratuita para cualquier amante de este deporte. Ver que la gente sigue estando en sus presentaciones y a su alrededor en la asistencia es la demostración de lo mucho y bien que cuidan a sus seguidores, cariño que reciben de vuelta en estos duros momentos, como el que tristemente les ha tocado pasar y sufrir los últimos meses.

Siempre lo he dicho y lo mantengo: José María Ponce es un fenómeno deportivo digno de estudio académico, y no sólo por sus muchos logros deportivos del pasado, sino por lo latente que ha estado su figura a pesar de no lograr títulos en la actualidad.
El primer canario en ser campeón de España de rallys, a sus 68 años, sigue teniendo tirón, mucho tirón, más que otros que llevan años en la cima. Destila pasión y amor por este deporte que muy pocos logran tener. Lo normal, tras tantos años en la elite, dar un paso a un costado y estar con los tuyos, pero la pasión por este deporte es tanta, que nunca se contempla la despedida y no entiende de lógica matemática, aunque ahora el triste accidente haga que esté más cerca que nunca y no poder verlos de nuevo competir sea una posibilidad mas que real.

Otros lo han dejado cansados, a una edad mucho más temprana, con sus razones, todas respetables. pero no es el caso de Ponce, que no paraba de pensar en nuevos retos y cuando uno de ellos se le queda en el camino, como el último gran proyecto, lleno de la misma pomposidad e imaginación que de promesas incumplidas, se nos vino abajo y quedó tocado.

Pero pasa el tiempo y logra resetearse, sacar fuerzas de donde parece que no quedan, para seguir adelante. Como con el mismo proyecto del Seat 600 JTR, el que le ha dado más quebraderos de cabeza en pocos años que todas las alegrías pasadas con un título tras otro, pero no arrojó la toalla, no lo dejó en el camino después de vender su icónico BMW M3. Siguió, a pesar de lo desagradecida de la mecánica, logrando pelear victorias absolutas, como en el Comarca Norte de Gran Canaria. Tanto fue su empeño en mejorar y lograr se competitivo que alguien lo vio como un serio enemigo y buscaron lo que fuera para que no pudiera incomodar a coches mucho más caros y teóricamente potentes.

Pero ni con esas le quitaron las ganas se seguir compitiendo. Junto a su siempre fiel escudero, Carlos Larrodé, intentó seguir en la cresta de la ola con un novedoso Toyota Yaris GR, pero el invento salió mal y el golpe ha sido más duro de lo esperado. Un sufriendo que sólo José Mari y Carlos saben, que les ha pillado por sorpresa porque ha sido mucho peor de lo esperado. La magnitud del golpe ha sido tal que ambos aún siguen renqueantes, aunque recuperándose poco a poco.

Dos iconos del automovilismo canario y del automovilismo nacional que merecen una despedida de altura, de mucho nivel. No sé si será posible verles de nuevo en un coche de carreras compitiendo, algo irresponsable pensarlo en estos momentos, pero ojalá dentro del tiempo que sea lo puedan hacer, aunque sea para pasearse, y así poder recibir el cariño de los miles y miles de aficionados que han disfrutado a su paso, que han crecido viéndoles ganar, pelear y siempre deleitar.

Vuelvan a competir, o no, José María Ponce y Carlos Larrodé ¡gracias por tanto!

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