Alberto Monzón: «Si un tal Santiago Rodríguez no se hubiera cruzado en mi camino, yo probablemente no estaría corriendo»
El pasado lunes el piloto grancanario Alberto Monzón rodó por primera vez con su recientemente adquirido Porsche 997 GT3, disfrutando el momento por el que está pasando su carrera deportiva.
Alberto Monzón
Y llegó el día que nunca creí que podría llegar. No fue siempre un camino de rosas – más bien nunca – como lo atestigua cualquiera de los grandes periodos que he estado sin poder correr. Tanto como 12 años con tan sólo alguna carrera esporádica de por medio. Un caso algo extraño el mío como piloto. Tan extraño como mi relación amor-odio con las carreras.
Iluso de mí, hubo un tiempo en el cual creí haberlo superado, pero qué va, ningún otro deporte, relación o exceso, pudo arrasar del todo con esta pasión absolutamente irracional.
Entonces llegó ese día en que tras mirar mi carnet y comprobar horrorizado la cantidad de años que tenía y lo rápido que habían pasado, decidí olvidarme de los desengaños que habían truncado este amor por las carreras y darme cuenta de que solo tenemos una vida. “Viure és urgent”, que diría un amigo mío…
Un crédito personal más en mi largo historial y a por un muy modesto Honda Civic que me fui a buscar a Mallorca. Tres rallies hice con el pequeño nipón que, aunque valiente, daba lo que daba. Nadie apostaría una rupia por mi futuro deportivo en ese momento, pero yo seguía sintiendo que en realidad no había perdido mucha velocidad, competitividad y coraje. Seguía perdiendo horas de sueño por no haber quedado en el puesto que consideraba que debía estar.
Pero la vida, que a veces puede ser maravillosa, puso en mi camino a un personaje fundamental en el devenir de los sucesivos acontecimientos. Alguien que, a día de hoy, sigo sin saber muy bien por qué me apoya, por qué confía en mí y por qué me aprecia de tal manera, pero lo cierto es que lo sigue demostrando. Seguramente a él la vida le ha dado otras razones para querer y creer en esta locura casi tanto como yo. Lo que está claro es que si un tal Santiago Rodríguez no se hubiera cruzado en mi camino, yo probablemente no estaría corriendo ni volvería a hacerlo nunca más.
Un mensaje de un buen amigo (otro pilotazo que ahora está en el dique seco) recibido hoy mismo, me ha hecho reflexionar y, quizás, estar haciendo público estos sentimientos ahora mismo. Él, como yo, sabe lo sacrificado, cruel y amargo que puede llegar a ser este deporte, por eso me felicitó de corazón y me recordó que no me olvide de vivirlo y disfrutarlo, ya que ambos sabemos lo efímero que puede ser esto. ¡Gracias, Germán!
El pasado lunes me subí en un artefacto que jamás hubiera ni soñado que podría correr en él. Y además de mi súper equipo de Las Torres Automoción, Santiago, mi amigo de la infancia Josete o Rafa León, entre otros, tuvimos la gran suerte de contar en el test con Enrique Cruz. Desde que lo recogí en el aeropuerto todos sus certeros comentarios iban en una dirección muy concreta, con el objetivo claro de a lo que había venido. Sin términos rimbombantes ni adornos elocuentes, al turrón. Eso a pie de pista se tradujo en una forma de trabajar con un guión perfectamente estructurado y sin fisuras. No me perdió de vista ni medio segundo en todas las tandas que hice, haciéndome correcciones muy precisas cuando volvía a la asistencia. Y el remate fue cuando me monté con él al lado y vi con qué facilidad y naturalidad hace las cosas para elevar el pilotaje a un nivel al alcance de pocos.
De todo lo bueno que he dicho de él, me quedo con la humildad mostrada en todo momento y con su lado más humano. Valga de ejemplo el comentario que me hizo de vuelta al aeropuerto de que le había encantado el ambiente de todo nuestro equipo con el patrocinador principal allí presente como uno más. Y en eso tengo que darle toda la razón, ya que hemos conseguido crear un equipo donde más que amigos parecemos una gran familia.
Solo el tiempo dirá si realmente me merecía esta oportunidad o no. Por mi parte, pienso poner todo para no decepcionar a los que tanto me apoyan y confían en mí; prohibido fallarles. ¡Nos vemos en el Teror!
Vídeos y fotos de la primera toma de contacto de Alberto Monzón con su nuevo Porsche
