Son muchas las ocasiones donde vemos a Fernando Cruz celebrar con alegría las victorias de su hermano Enrique, algo que a los que amamos este deporte nos llena de vida y enorgullece, porque en este mundo tan loco no es tan habitual, aunque debería ser así, que dos hermanos se lleven bien.
Es su primer fan, el que está en las duras y maduras, el que saca la cara por su hermano cuando alguien intenta menospreciar su dilatada y destacada trayectoria deportiva. El que le espera en la meta de multitud de tramos, el que mira el móvil para ver sus tiempos, el que le llama y le manda mensajes para compartir su día de carreras. El que espera que vuelva a ganar para volver a disfrutar de ese momento tan mágico como es el del triunfo.
Fernando es todo pasión, es todo alegría, es un fuera de serie como persona que vive este deporte como el que más, con la enorme suerte de ser el hermano de uno de los mejores pilotos de las historia de Canarias y al que aún le quedan muchas páginas por escribir en su libro de logros.
Verle sonreír, saltar, alegrarse y abrazarse a Enrique es una experiencia maravillosa y toda una alegría para los ojos de los que somos espectadores de tan bonito momento. Ojalá les queden muchos más por vivir y compartir como en el final del Rally Ciudad de Telde.
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