Publicamos el artículo publicado por el piloto grancanario Pablo Suárez en su blog, donde cuentas sus experiencias en el mundo de la competición.
Carreras pachanga… hasta que dejan de serlo
Siempre me he tomado las carreras muy en serio, desde el primer día.
Me preparaba bien, revisaba cada detalle del coche, preparaba las cámaras, repasaba mi sistema de notas, seguía una rutina previa al evento.
Todo tenía su orden y su lógica.
Claro que si lo comparo con lo que hago ahora me doy cuenta de que no era el mejor método. Pero en aquel momento, con los conocimientos y experiencia que tenía, daba mi máximo.
Algunos me decían que cómo me lo tomaba tan en serio «si solo es un slalom…»

No era porque me creyera un pro, ni porque aspirara a vivir de esto en aquel momento. Sino porque correr era mi sueño y me salía natural ponerlo todo de mi parte para estirarlo y disfrutarlo al máximo. Esta forma de trabajo siempre me ha ayudado a afrontar carreras con garantías, sabiendo exprimir cada kilómetro y sacando una experiencia de calidad de cada evento.
A lo largo de los años, sin embargo, recuerdo haber corrido alguna carrera con menos preparación.
No porque pasara del tema. Sino porque quizás no puntuaba para ningún campeonato, o igual no tenía grandes expectativas de resultado, o simplemente no había más objetivo que matar el gusanillo.
Igual que prepararme algunas carreras me salía natural como parte de mi rutina, otras no las preparaba tanto sin darme cuenta.
No revisaba a fondo las notas, no ajustaba el coche con la misma atención o no entraba al tramo con la misma mentalidad.
¿Y qué pasaba en esas carreras?
Muchas veces la carrera empezaba genial. Me veía arriba en la clasificación y pensaba: — “Ojo, que al final hasta sale algo bueno de aquí».
Pero siempre, por X o por Y, algo se acababa torciendo.
Un error tonto, un despiste, un pequeño detalle que en una carrera normal nunca habría pasado porque el foco estaba donde debía estar.
Desde un asiento mal posicionado que te impide estar del todo cómodo, hasta ese momento en que dejas de escuchar una nota del copiloto por unos segundos porque tu cabeza no está al 100% en carrera.
Y lo peor no era perder alguna posición o acabar la carrera con un resultado regular.
Lo peor era quedarte con la sensación de que podrías haberlo hecho bien porque sabes de lo eres capaz, pero no te preparaste y no diste tu máximo.
De hecho, ni si quiera un buen resultado es lo más importante.
En este deporte un error tonto no significa solo perder una carrera.
Puede significar acabar contra un muro, en una zanja, o con un susto que podría haberse evitado con un poco más de preparación.
Por eso, siempre, tómatelo en serio.
Sí, disfruta, pásatelo bien, porque eso también es importante .
Pero sigue tu método, tu sistema, tu rutina que te asegura dar tu máximo siempre.
No tiene que ser algo complejo ni estresante. Solo un proceso que te dé la tranquilidad de que cuando llegues a la salida sepas que todo lo que podías hacer ya está hecho.
Así que la próxima vez que te encuentres ante una carrera “sin importancia”, pregúntate: ¿Quiero terminar con la sensación de que hice lo mejor posible o con la espina de que podía haber dado más?
¡Echa por lo negro!

