Pablo Suárez cree que para tener licencia federativa «es necesario que alguien te enseñe cómo hacerlo y cómo ir con seguridad»

Publicamos una nueva entrega del blog del piloto grancanario Pablo Suárez, donde habla de la necesidad de un aprendizaje mínimo para poder tener una licencia federativa.

Nueva entrega

Mi padre siempre me recuerda la historia del día que le dijo a mi abuelo que había aprobado el carnet de conducir.

Mi abuelo cumple estos días 99 años.

Y ahí sigue, con su carácter de siempre, sin regalar una palabra de más y con esa forma suya de decir las cosas que te deja pensando.

En mi familia no había por tradición pasión por los coches.

Mi abuelo era un gran conductor, daba mucha rueda, pero siempre por necesidad o por trabajo, nunca por gusto.

Mi padre, en cambio, desde pequeño había estado enamorado de los coches y las carreras.

No soñaba con otra cosa que no fuera coger un volante y pisar el acelerador. De hecho, él y sus hermanos ya conducían siendo menores (fuera de vía pública, claro).

Como para muchos de nosotros, el día que apruebas el carnet de conducir marca un antes y un después en la vida. Es la puerta a la libertad de movimiento.

Así que ese día mi padre volvió a casa emocionado, con la sonrisa de quien acaba de abrirse la puerta a un mundo nuevo expresando lo contento que estaba por haber aprobado

Lo que recibió fue la mirada seria de mi abuelo, seguida de su escueta felicitación: «Enhorabuena… Ya tienes licencia para matar.»

Imagínate la cara de mi padre.

Él, soñando con la libertad de conducir toda su vida, con la emoción de estar al volante, de conducir por la calle, y de repente, ¡pam! ostia de realidad.

Mi abuelo, en su línea, no iba del todo desencaminado.

Un coche, al final, es una masa de metal que coge cierta velocidad e inercia. Y es cierto que si no se maneja con cabeza puede convertirse en un problema.

Lo curioso es que cuando llevas años conduciendo se te olvida. Vas en piloto automático, con una mano en el volante y otra en el café, y parece que todo es normal y que no hay peligro.

Conducir es disfrutar, sentir el coche, ir por la carretera como si ese cacharro de cuatro ruedas fuera una extensión de ti mismo.

Pero también es tener un mínimo de consciencia de lo que llevas entre manos.

Y es que sacarte el carnet no te convierte en buen conductor. Es solo una prueba de que, en teoría, no eres un peligro inminente.

Ahora bien, si ya hablamos de la licencia de automovilismo la cosa es todavía más peligrosa. Porque con tan solo una prueba médica ya eres piloto.

Y eso no asegura a nadie que no seas un peligro en una carrera.

Por eso es necesario que alguien te enseñe cómo hacerlo y cómo ir con seguridad. En la escuela por ejemplo es uno de nuestros pilares.

Tampoco está de más que de vez en cuando alguien te suelte una frase como la de mi abuelo para ver las cosas con otra perspectiva.

¡Echa por lo negro!

pd: ya sabes que puedes encontrarnos AQUI.

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