Pablo Suárez: «No hubo resultado espectacular, pero sí la sensación de que estamos de vuelta»

Décima quinta plaza del Rally Ciudad de Telde para Pablo Suárez y Omar Hernández con el BMW M3 E36. Para el piloto teleles no fue un resultado espectacular, pero a nosotros sí que nos lo parece.

¿Alguien ha visto mi escape?

Este fin de semana volví a correr en casa. El Rally de Telde, mi pueblo natal. Hacía más de cuatro años que no me ponía el casco para pilotar en un rally. Mucho circuito, pero nada de carretera. Así que tocaba cambiar el chip.

Porque en circuito puedes ir al 99% casi todo el rato. En un rally no. Aquí hay márgenes, hay incertidumbre… y lo que no ves, lo intuyes.

El rally empezaba con un tramo urbano plagado de rotondas, el típico que quieres pasar sin liarla, aunque alguna derrapada SinQuererQueriendo dejamos caer…

El sábado tras el primer tramo todo estaba empezando a fluir… hasta que a mitad del segundo el coche empieza a sonar raro. Muy raro. Lo primero que pensé: se nos fue el motor. Me quedé pálido. Miraba los relojes, todo parecía en orden… así que seguí.

Al rato el ruido pasó a ser mucho más fuerte y por paradójico que parezca, eso me tranquilizó.
Ya no era el motor. Era el escape. Podíamos seguir. Eso sí, era ensordecedor, nos retumbaba todo dentro del coche. No escuchaba a Omar ni a gritos. Y claro, con ese ruido encima, la cabeza se te va.

Sentía que perdía potencia, no sabía si estaba dañando algo o si íbamos a romper del todo… Pero mientras tanto, había que seguir corriendo. Ese es el juego. Aprender a gestionar mientras todo alrededor hace ruido. Ruido literal, ruido mental

Recuerdo estar en medio del tramo y pensar: “Ojalá un aficionado coja el tubo de escape y me lo lleve a la asistencia”. Pero no hizo falta. Al llegar a meta, lo primero que dije cuando me pusieron el micrófono:—¿Llevo el escape completo? —Sí, sí. Lo llevas. Uff… respiramos

El problema era el sensor lambda, que se había desprendido y dejaba un agujero considerable en el escape. En la asistencia lograron hacernos una reparación temporal: sensor puesto, un poco menos de ruido… pero aún con pérdida de potencia. Seguíamos vivos

Y desde ahí, tocó adaptarse. Elegir bien las marchas. Aprovechar cada metro. Apoyarse más en la trazada que en el acelerador. El objetivo ya era acabar y disfrutar de cada kilómetro. Y así lo hicimos.

Además, con una conclusión clara: el nuevo sistema de notas funciona. Me faltaba todavía confianza total en si lo que había escrito era lo correcto, pero cada curva que pasaba y coincidía con lo esperado, me daba un poco más de fe en el proceso. No hubo resultado espectacular, pero sí la sensación de que estamos de vuelta.

Y después de tanto tiempo sin correr, eso lo es todo. Porque aunque te plantees el rally perfecto, siempre puede haber problemas. Y entonces ya no se trata de evitarlos, sino de gestionarlos. Y si no puedes bajarle el volumen al ruido… Que al menos no te desconcentre.

 

Nos vemos en el próximo tramo.
¡Echa por lo negro!

 

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