Seat Históricos, los mosqueteros de la TraveSeat: 600 D descapotable, 800 y formichetta

SEAT Históricos toma parte en la TraveSEAT y lo hace participando en esta aventura/expedición, con un equipo formado por tres unidades; el 600 D Descapotable, el familiar SEAT 800 y el industrial SEAT Formichetta. Tres joyas que han salido de la legendaria nave A-122 para recordar viejos tiempos.

Es, cuando menos emocionante, pasar por pueblos y pequeñas ciudades y ver como toda la actividad se detiene unos minutos para lanzar una cómplice sonrisa al paso de la caravana de la TraveSEAT. Son más de cien “seiscientos” y no son pocos los cometarios de “yo tuve uno” o “ese era como el mío”. Saludos y más saludos, algún aplauso y hasta nos ofrecieron agua al estilo de la vuelta ciclista. Se agradece, porque hacia calor. Pero todos los sentidos están puestos para disfrutar del momento y ni el sol, el calor o la sed perturban la atención a estos pequeños gladiadores de las carreteras de nuestro país.

SEAT 600 D Descapotable.
Entre todos los SEAT 600 que han pasado por la historia, el D descapotable ocupa sin duda un lugar especial. Por su rareza, por su estética y por su pequeño toque de glamour. Este modelo, con puertas que se abren “al revés”, fue durante los años 60 un pequeño capricho con truco: al costar un poco más que el modelo estándar, su lista de espera era bastante más corta. Y eso, en una época donde podías tardar hasta dos años en que te entregaran el coche, era un argumento de peso para los más impacientes. La unidad de SEAT Históricos no formaba parte inicialmente de la colección de fábrica y se adquirió hace poco más de una década y, por suerte, llegó en un estado bastante bueno. La restauración fue superficial: chapa en buen estado, pintura, ajuste de motor para que funcione bien con combustible sin plomo, es decir, asientos de válvula reforzados para poder funcionar con gasolina sin plomo. También se puso una capota nueva y se montaron neumáticos de banda blanca de Michelin, que le dan un aire más refinado, casi de coche «premium», al menos en la época así era. Porque sí, la banda blanca era más común en modelos de lujo, y verla en un 600 siempre arranca una sonrisa.

El mecanismo de la capota es sencillo, casi artesanal. Se pliega hacia atrás mediante unas varillas alineadas, y al cerrarse queda bien sujeta gracias a unos ganchos en la parte delantera. Un pequeño detalle curioso es la doble cinta que recoge la capota como si fuera un cilindro justo sobre la luna trasera: simple pero efectivo. Y sorprendente porque con un mínimo adiestramiento la operación la puede hacer el usuario en menos de cinco minutos. Carrocería impecable, capota perfecta y quizás por el puñado de kilos que se quietaba de chapa en el techo este era uno de los más rápidos, de hecho, es el más rápido de los que han venido este año a la TraveSEAT porque tiene 24 caballos —sí, 24— (realmente choca en este tiempo ahora en el que los coches eléctricos hablan de 300 o 500 CV incluso para coches medianos), pero en el motor del 600 cada uno de ellos cuenta. Además, la puesta a punto, la alineación, la presión exacta de los neumáticos… todo suma. En coches así, el rendimiento es una cuestión de mimo y precisión.

SEAT 800: la respuesta al crecimiento familiar
El SEAT 800 es uno de esos modelos que solo existen gracias a la inventiva local. Lanzado en 1964, este coche no fue una evolución oficial de otra marca, sino una solución 100% SEAT. La idea era sencilla: España crecía, las familias también, y el 600 se quedaba corto. A falta del SEAT 850, todavía en camino, había que improvisar. La base era un 600 D, que se transformaba en una berlina de cuatro puertas, alargada 18 centímetros. Y eso se conseguía gracias a un complejo proceso logístico. Las carrocerías salían de la línea de producción en la Zona Franca de Barcelona, se enviaban a las instalaciones de Carrocerías Costa, en Tarrasa, donde se cortaba y modificaba la plataforma. Allí se alargaba el chasis, se montaba un techo extendido y se instalaban las cuatro puertas simétricas. Luego, vuelta a SEAT para el montaje final. Toda una coreografía industrial. La unidad de SEAT Históricos está en perfeto estado, es de color azul con llantas de color marfil y neumáticos sin banda blanca y ya formaba parte de la colección. Solo necesitó una restauración ligera: puesta a punto, embrague, caja de cambios… lo básico para dejarlo lista para la ruta. Respecto al 600 D no cambia mucho porque la mecánica es idéntica: misma cilindrada, mismo depósito, mismos componentes. Pero los 18 centímetros extra se notan, sobre todo en las plazas traseras. El confort mejora sensiblemente, y detalles como el pequeño ventanuco triangular practicable en la parte trasera hacen que todo resulte más acogedor. Un coche pragmático, familiar y difícil de ver hoy día.

SEAT Formichetta: la hormiga obrera del 600
Si hay un coche que ha llegado a esta TraveSEAT con historia detrás es el SEAT Formichetta. Su nombre, que significa “hormiguita” en italiano, es un homenaje al insecto capaz de cargar varias veces su peso. Y no es casual: esta furgonetilla, basada en el bastidor del 600, se diseñó para trabajar duro, sin quejarse. No era una creación de SEAT directamente, sino de SIATA, un carrocero asentado en Tarragona. SEAT proporcionaba bastidores especiales numerados y SIATA hacía el resto. De ahí salieron diferentes versiones con base 600, entre ellas la Formichetta… un vehículo de uso comercial, sometidos a un trabajo exigente y también al maltrato y por eso muchos de ellos acabaron, como era de esperar, en mal estado. La Formichetta que hoy rueda con nosotros es una superviviente. Y lo es gracias a un proceso de restauración que rozó lo épico. Recuperarla fue complicado. Primero se localizó una unidad, pero el vendedor se echó atrás. Después apareció en manos de otro propietario, y ahí se logró la compra… ligeramente encarecida y además el estado era desolador: carrocería oxidada, estructura comprometida, casi todo irreparable. Por suerte, el equipo de SEAT Históricos contó con un chapista excepcional (ya jubilado, lamentablemente), que obró el milagro. Hoy, el coche está completamente reconstruido, prácticamente nuevo. La mecánica es 100% del 600, aunque con algunas peculiaridades. Esta unidad, por ejemplo, tiene cuatro plazas y un sistema de asientos traseros abatibles que permite convertir el habitáculo en una plataforma de carga. El motor está donde, detrás en una especie de pequeño baúl refrigerado de forma adicional por unas peculiares branquias dispuestas en los laterales. Además, se produjeron distintas versiones según el carrocero: SIATA fabricó unas 5.800 unidades, mientras que Costa aportó otras 2.000, muy similares entre sí. Pocos vehículos resumen tan bien lo que fue la movilidad popular, modesta y trabajadora de la España de los sesenta. La Formichetta no es solo un coche: es un símbolo. Y verla hoy rodando de nuevo, restaurada al milímetro, emociona tanto como sorprende.

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