Publicamos una nueva entrega del blog del piloto grancanario Pablo Suárez, donde habla del Rally Islas Canarias, cuando a los mandos de un Peugeot 208 R2 pinchaba una de las ruedas.
Nueva entrega
¡Pero que esa no es!
Era mi debut con un Peugeot 208 R2 en el Rally Islas Canarias, campeonato europeo… El rally ‘grande’ de casa, público por todas partes y la motivación por las nubes. Empezábamos con buen ritmo, y tramo a tramo la confianza subía… Hasta que en una curva rápida me vine muy arriba (los detalles dan para otro mail). Total, la situación acabó en un trompo, creo recordar que a unos 120 km/h. Sin consecuencias, salvo unos planos considerables en los neumáticos. Y claro, en el siguiente tramo uno de los neumáticos dijo basta. Pinchazo. Toca parar a cambiar. Por suerte, teníamos muy entrenado el protocolo: Yo me encargaba de ir a aflojar la rueda trasera izquierda con la pistola. La copi traía el gato y empezaba a subir. En lo que yo sacaba la rueda, ella traía la de recambio. Yo le entregaba la del pinchazo… Y todo listo y abrochados dentro de 1 minuto y 20 segundos, que es una buena referencia.
Así que… llegó el momento real. Yo, sin pensar, me bajo del coche y voy directo a la rueda trasera izquierda, como un robot. Empiezo a aflojar las tuercas, concentradísimo. Llega Beatriz con el gato para subir la delantera derecha, y no me encuentra. -¡¿Pero qué haces ahí?! ¡Que es la de aquí delante! Seré capullo…
Y para más inri, habíamos parado en un cruce repleto de gente: ¡TIERRA TRÁGAME! Y ahí me ves, apretando de nuevo las tuercas, corriendo a cambiar de lado y jurando en silencio por lo bajo. Aun así, el cambio no lo hicimos del todo mal. Pero esa anécdota me marcó.
Y es que a veces entrenamos tanto algo específico, lo mecanizamos tanto, que cuando las cosas no son exactamente como las practicamos, nos llegamos a bloquear. Te preparas una carrera que sabes que tiene fama de ser estrecha, lenta, sinuosa… Pones el foco del entreno en ese tipo de condiciones, te sientes súper preparado para eso. Y resulta que llegas y todo, o gran parte, ha cambiado. No es como lo imaginabas. Y tu cabeza se queda anclada en lo que habías visualizado. ¿Y ahora qué? Por eso, prepararse una situación está bien. Entrenarla, todavía mejor.
Pero siempre hay que dejar un hueco para lo inesperado. Para lo que no sale como ensayaste. Porque si todo lo que practicas depende de que la realidad sea tal cual la imaginaste… Te vas directo a aflojar la rueda equivocada. Así que, la próxima vez que te entrenes para algo, no te conviertas en un robot como yo ese día.
Mete variaciones. Descolócate un poco. Porque lo único seguro es que las cosas no van a salir tal cual las planeaste
¡Echa por lo negro!

