La
Escudería Drago vuelve a identificar el automovilismo con Juncalillo. Y es cierto eso de que el «Espíritu de Juncalillo» existe.
A
Pepe Monzon le dije: «Le ponemos tanto amor a esto que a veces confundimos pasión y deporte. Y eso es lo que lo hace grande». Los pequeños gestos se convierten en gigantes cuando se hacen juntos y de la mano, eso saben bien hacerlo los draguistas.
Acudir a Juncalillo a formar parte de un reconocimiento a uno de los elementos más característicos de la rampa, a sus malecones, es mucho más que un gesto, es una obligación.
Formamos el equipo directivo más joven al frente de una federación en España y ellos han formado parte de la historia más gloriosa del automovilismo en España desde aquí. ¡Cómo no vamos a aprender de ellos!
Enhorabuena a la Escudería Drago y a todos los que han hecho que se convierta en un símbolo. Gracias por permitirnos ser parte de este presente.