Carlos Padilla destaca en Avilés ante la atenta mirada de su madre, de 89 años, que le ve correr por primera vez

Hasta tierras asturianas se desplazó el piloto grancanario Carlos Padilla con su no menos veterano Ford Escort MKII, logrando una más que meritoria quinta plaza del Rally de Avilés Histórico junto a Patricia Procopio.
Carlos Padilla
No tenía pensado escribir nada, pero las llamadas de varios amigos me ha hecho cambiar de opinión y voy a relatar un pequeño resumen del Rallye de Avilés, valedero para el Campeonato de España de Vehículos Históricos y en el cual acabamos en segunda posición en nuestra categoría.
 Comenzaré diciendo que hice coincidir una semana de nuestras vacaciones para hacer un poco de turismo por el país vecino (Francia), añadiendo a mi madre para la ocasión, cogiendo una casa rural y compartiéndola con alguien muy conocido en los ambientes racing de Canarias como es Javier Azcona y su familia…
Tras unos reconocimientos, sin novedad y tramos inéditos para mi, salvo algunas partes de dos tramos del jueves. Ya el sábado comenzamos con buen ritmo, pero nos vimos perjudicados por el alto número adjudicado (21). En el primer tramo (Tamon-Serin) doblamos a los números 20 y 19 en el primer tramo, con la consiguiente pérdida de tiempo y riesgo que conlleva aparecer por atrás y hacerse notar…
Ya en los demás tramos los compañeros de los vehículos número 19 y 20 pedían dos minutos en el control de salida y así ya no tuvimos mas problemas por ese lado gracias a la deportividad de dichos pilotos.
 Rápidamente nos acoplamos en las cinco primeras posiciones en nuestra categoría, detrás del inalcanzable Ferreiros y de un Francisco López que va también muy deprisa, ambos con sendos Escort BDG.
Andábamos justo detrás del Porsche de Joan Riberas y del Golf de M. García, pero no muy lejos. Poco a poco el Porsche se nos fue alejando y yo centré mis esperanzas de atacarle en el tramo que yo consideraba mas idóneo para el Escort, merced a su estrechez y suciedad en su parte en subida y en una larga porsión en bajada barroca y estrecha. Y así fue: hasta el tramo 5 (La Peral -Riberas), iban ya por delante con 16,9, y en el tramo 6 (La Corrada-La Lloba) , decidimos ‘tirarnos’ con ganas y le endosamos 16,9 al Porsche. Nos colocábamos 0,1 por delante del Posrche de Riberas y a falta de dos tramos. Uno, en teoría favorable al poderoso Porsche, y otro mas favorable a nuestro Escort.
Todo un golpe psicológico, pues, sobre el papel, solo le quedaba un tramo (segunda pasada por La Peral), para rebañarnos algo de tiempo. Así y todo hicimos un tramo al ataque de nuevo, y la sorpresa vino cuando nosotros mejoramos nuestro registro de la primera pasada y ellos lo empeoraban. Quedaba la segunda pasada por La Corrada, en donde, ya con menos ataque y mas cálculo, volvimos a marcar un buen crono, el que nos dejaba definitivamente en la segunda plaza de la categoría.
Solo quedaba hacer el enlace hasta la asistencia y allí saltaron las alarmas al encenderse el testigo de la batería (alternador), que motivó que estuviésemos con el corazón en un puño y apagando todo lo que no fuera estrictamente necesario (Dirección asistida, ventiladores), hasta la llegada a la última asistencia, y allí quedó el problema ‘apañado’ para poder llegar al pódium de la Plaza de España y sin novedad.
Allí nos esperaban nuestros amigos, mi madre (nunca había asistido a ningún rallye), mi hija y los mecánicos, para disfrutar de un pódium y de una cervecita bien fría en una de las terrazas de esa bonita Plaza.
Y, como último comentario y ya fuera del rallye, y como quiera que para volver a la casa rural se podía ir por la A8 o por Santoseso, hicimos el tramo de nuevo (La Peral – Riberas) a velocidad reducida, con los monos de competición aún puestos, al volante yo mismo, Patricia cantando una última vez las notas desde el asiento de atrás y mi madre, de 89 años, en el asiento de la derecha, muy atenta ella, aunque de vez en cuando cerraba un poco los ojos… Juro que fuimos siempre respetando el código de la circulación…

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