El bonito gesto de compañerismo de Neftalí Martín con Raúl Carro

El rápido piloto tinerfeño Raúl Carro (Porsche 991 GT3) cuenta una anécdota que le ocurrió en el pasado Rally Ciudad de La Laguna, cita del Campeonato de Canarias de Rallys, donde estaba luchando por un puesto de podio y cómo un rival directo, en este caso Neftalí Martín, con otro Porsche, le ayudó para que pudiera seguir corriendo.

El destino quiso que Carro no pudiera terminar por culpa de una leve salida de carretera y Martín terminara en podio. Es gratificante que a la buena gente le pasen cosas geniales. Por eso Raúl ya tuvo su premio de ganar en Granadilla y Neftalí le tocó el suyo de pisar podio.

Raúl Carro Évora

Voy a contarles una anécdota del pasado Rally Ciudad de La Laguna, una bonita, de las que no son fáciles de ver: En el tramo de la barranquera (Tc4) veníamos acusando una fatiga terrible de los neumáticos delanteros, ya que tenían sobre ellos el 100% de los tramos del «Rally Norte» y el 100% del «Rally de Granadilla», además de los tramos anteriores de este «Laguna».

Nuestra asistencia estaba avisada de lo que sucedía y teníamos previsto montar ruedas nuevas al finalizar el bucle. (Entiendan que de media usamos las mismas ruedas para dos rallys, porque no hay para más).

Salimos en este Tc4 a correr lo máximo posible, con la intención de recortarle tiempo a Benjamín Avella y distanciarnos algo más de Manolo Mesa y Neftalí Martín, así como del resto de compañeros. Cuando entramos en la zona de La Barranquera, una zona rapidísima y estrecha, no podía evitar que el morro del Porsche se moviera de forma errática, pero procuramos perder el mínimo tiempo posible… Solo que en una de las curvas «tipo S» pasé sobre una piedra saliente y noté un impacto en la llanta delantera derecha.

Cuando salimos del control y pudimos verificar el alcance del golpe, Miguel me informó de que perdíamos un montón de aire y que el aro estaba completamente doblado. Era un problema, pues solo llevamos de repuesto una rueda de «galleta» para salir del paso, pero no sirve para correr.

Rápidamente me bajé del coche y con la bomba de aire que llevamos dentro, más una «chicharra/carraca» gigante para aflojar las ruedas, comencé a golpear el aro hasta una posición que nos permitiera poder seguir corriendo, mientras Miguel sujetaba el volante para que no se movieran las ruedas.

Le di no menos de 50 golpes bajo un calor abrasador y con el mono puesto; ciertamente, llegó un momento en que pensé que ya no iba a lograr que parase de perder aire… Pero un compañero, un hombre que luchaba en ese rally contra nosotros, una persona con la que habré hablado unos 5 minutos en mi vida me dijo: Dame que ya estás cansado.

Me quitó la llave y comenzó a golpear aquel maltrecho aro unas 10 o 15 veces más, le daba con fe, con ganas, quería ayudarme… Hasta que con el agua de Lebanza que su padre nos había regalado por la mañana, observamos que había dejado de perder aire. ¡Qué alegría!

Para mí fue una ayuda caída del cielo, sin demasiadas palabras ayudó a un rival directo con el que se preveía una lucha intensa aquel día, y yo, como no puede ser de otra manera, se lo agradeceré de por vida. El que conoce este mundillo, sabe que no es fácil encontrar rivales así. ¡¡GRACIAS!!

También podría interesarte
Deja una respuesta