El 27 de julio de 1990 el último 2CV abandonó la línea de producción y todavía hoy es un coche legendario

  • El 27 de julio de 1990, el último Citroën 2CV de la serie especial “Charleston” salió de la cadena de montaje de la fábrica de Mangualde, en Portugal.
  • Desarrollado para satisfacer las exigencias de la clientela de la época, el 2CV se convirtió muy pronto en un modelo de enorme éxito. 
  • Compacto, original y símbolo de la alegría de vivir y de la libertad, el Citroën 2CV conserva todavía hoy una popularidad sin límites, con miles de apasionados que lo coleccionan y le han convertido en un elemento imprescindible de su estilo.

 El 27 de julio de 1990, el último Citroën 2CV salía de la cadena de montaje de Mangualde, en Portugal. Un evento que señaló el fin de producción de un modelo de éxito que se había presentado en el Salón de París de 1948, pero cuyo desarrollo se inició 10 años antes.

Cuando se presentó por primera vez, el 2CV sorprendió por su diseño original, su versatilidad y su planteamiento muy económico, pero también supo distinguirse por sus innovaciones tecnológicas, muy avanzadas para la época, entre las que destacaban la tracción delantera, su blanda suspensión y el motor de 2 cilindros refrigerado por aire. Convertido rápidamente en un coche popular y de elevada demanda, fue parte integrante de la sociedad y hoy es reconocido como un icono de la historia del automóvil.

El Citroën 2CV se desarrolló pensando en un público muy amplio en un momento en el que el automóvil era todavía un objeto de lujo. Era un vehículo económico, con características innovadoras, que debía responder a las exigencias de la clientela de la época. El 2CV conquistó a las masas y en 1990, los ejemplares vendidos a lo largo de toda su historia superaban los 5,1 millones (incluyendo los derivados).

La génesis: del prototipo TPV «Toute Petite Voiture» al Citroën 2CV 

A mitad de la década de 1930, Citroën inició el desarrollo de un coche económico, el futuro Citroën 2CV. Debía ser un coche de pequeñas dimensiones, capaz de circular por cualquier tipo de terreno y de transportar cualquier tipo de objetos, económico en su compra y su mantenimiento. Estas fueron las exigencias transmitidas por el director general al ingeniero André Lefèbvre, que en aquella época era el responsable técnico de Citroën: “Pide a tu equipo que estudie un coche que pueda transportar a dos agricultores calzados con zuecos, 50 kg de patatas y un tonel de vino a una velocidad máxima de 60 km/h con un consumo de 3 litros cada 100 km”.

Gracias a sus características de coche enormemente versátil, de bajo consumo y de coste reducido, el «Toute Petite Voiture» («coche muy pequeño») era un automóvil para todos, tanto en la ciudad como en el medio rural. El proyecto estaba listo en 1939 y debía presentarse ese mismo año, pero a causa del inicio de la Segunda Guerra mundial, el Salón del Automóvil de París debió suspenderse y los 250 prototipos ya construidos fueron en gran parte destruidos sobreviviendo solo algunos pocos ejemplares que fueron escondidos. Terminada la guerra, Citroën volvió a trabajar en el proyecto y confió a Flaminio Bertoni la estética del que acabaría siendo el Citroën 2CV, un modelo completamente repensado con respecto del TPV y que fue presentado el 7 de octubre de 1948 en el Salón del Automóvil de París.

El Citroën 2CV ofrecía espacio y era un coche sin pretensiones, simpático y económico, que conquistó rápidamente al público convirtiéndose en la expresión de una nueva filosofía de transporte individual y en un símbolo de libertad y de alegría de vivir. A causa de la escasez de materias primas, Citroën solo pudo garantizar inicialmente una producción limitada lo que generó unas listas de espera de hasta 6 años. El precio de compra del Citroën 2CV era muy bajo, igual que el mantenimiento, gracias a la simplicidad de su tecnología. Además, consumía muy poco y necesitaba muy pocas revisiones.

La carrocería en acero de cuatro puertas del Citroën 2CV no se pensó para ser autoportante y como la mayor parte de los componentes se atornillaba al chasis. En lugar de un techo fijo de acero el vehículo estaba dotado de un techo descapotable en algodón impermeable para que fuera más ligero y se incrementara así el bienestar a bordo con la posibilidad de descapotarlo. El comportamiento dinámico del Citroën 2CV se caracterizaba por una notable capacidad de moverse incluso fuera del asfalto y por una muy característica inclinación de la carrocería al tomar las curvas. Debido a su bajo peso, a la estructura bóxer del motor y a la posición baja del depósito de combustible, el centro de gravedad del vehículo era muy bajo lo que hacía casi imposible que volcara. Inicialmente todos los vehículos recibieron frenos de tambor en ambos ejes y solo a partir de 1981 se montaron frenos de disco en el eje delantero.

Motorizaciones

El nuevo motor bóxer de 2 cilindros refrigerado por aire tenía una cilindrada inicial de 375 c.c., desarrollaba 9 CV y estaba dotado de serie de un cambio de cuatro velocidades. Con posterioridad se realizaron numerosas evoluciones. El motor de 602 c.c. incorporado en el Citroën 2CV6 de 1970 desarrollaba inicialmente 28 CV y en todos los vehículos era posible poner el motor en marcha utilizando la manivela empleada habitualmente para el cambio de las ruedas del coche.

La primera versión del Citroën 2CV con 9 CV alcanzaba una velocidad máxima de cerca de 70 km/h mientras que los últimos modelos, con 29 CV, eran capaces de rodar a una velocidad máxima de 113 km/h. El 2CV es uno de los pocos vehículos en los que la potencia del motor básico llegó a triplicarse durante su vida comercial.

El 2CV Furgoneta 

En la primavera de 1951 se lanzó la versión “Furgoneta”, desarrollada sobre la base de la berlina, pero que, a partir del montante central, disponía de un gran espacio de carga de formas muy regulares. Ofreció una gran facilidad de carga mediante las dos puertas batientes de la parte trasera. La versión 2CV Furgoneta fue utilizada por numerosos servicios públicos en toda Europa, España incluida.

Las series especiales

A partir de 1976 se lanzaron numerosas series especiales de las que la primera fue la SPOT, desarrollada sobre la base del 2CV Club, con la carrocería en color Naranja Teneré. El 2CV SPOT disponía del motor de 435 c.c. excepto para Suiza, donde montaba el de 602 c.c. Se vendieron de manera tan rápida que muy pronto se pensó en el desarrollo de nuevas series especiales.

En 1981 se lanzó el Charleston (que debería de haberse llamado Tréfle, como el pequeño 5HP Citroën de la década de 1920) y que era un homenaje a los “años locos” en estilo retro y combinando el color amarillo con el negro o el burdeos con el negro (más tarde llegaría una sofisticada versión en dos tonos de gris), en 1983 se lanzó el France3 (que en Italia se llamó Transat), en 1985 el Dolly, en 1986 el Cocoricò e incluso una versión que equipaba un frigorífico desarrollada en colaboración con una marca de agua mineral: el 2CV Spécial Perrier (1988).

De todas estas series la que tuvo, sin duda, más éxito fue el Charleston que mantuvo elevadas las ventas del 2CV permitiendo prolongar la vida del vehículo hasta 1990, cuando una nueva normativa europea obligó a decretar el fin de su producción.

El Citroën 2CV sigue siendo hoy un símbolo para diferentes generaciones

Un modelo tan icónico convertido inmediatamente en un best seller es un coche con un gran atractivo para el público de modo que, después de la salida del último 2CV de la planta de Citroën en Mangualde (Portugal) el 27 de julio de 1990, el pequeño 2CV se convirtió en un vehículo de culto. Hoy, como ningún otro coche, es un símbolo de libertad, de anticonformismo y de aventura. Todavía en la actualidad, miles de apasionados lo coleccionan y han hecho de él un símbolo de su estilo de vida.

“Made in Spain”

En España, el Citroën 2 CV tuvo un papel fundamental en el desarrollo de la industria de automoción. En 1958, el primer modelo que salió de las líneas de montaje de la fábrica de Vigo fue un 2 CV, en su versión furgoneta.

 

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