La emotiva carta de Víctor Mendoza al tristemente fallecido Mario Vega, recordando los años «en los que celebrábamos las victorias en los campeonatos»

El piloto grancanario Víctor Mendoza ha publicado en sus redes una emotiva carta hacia Mario Vega, una apasionado del mundo de la competición que nos dejó días atrás.

Victor Mendoza Guillen

Hoy voy hablar de alguien especial que llegó a mi vida un día, sin querer ni buscarlo: Mario Vega Falcón. ¿Quién me iba a decir que sería muy grande y que tanto significaría para mí?

Mario era alguien sin maldad, sólo bondad, que enamoraba simplemente con su presencia. Yo ya había empezado en el mundo de los rallyes antes de conocerlo. Yo venía de participar en la copa Toyota del año 1997, y coincidimos cuando el bueno de Enrique Rubio me cedió aquel Subaru Justy para correr en pruebas de tierra.

A partir de ahí Mario fue mi asesor, pues me daba buenos consejos, mi manager, como cariñosamente me gustaba decirle, e incluso mi promotor pues, con el dossier sobre sus pies, en su silla de ruedas, iba de oficina en oficina para buscar los mejores sponsors, de manera que yo subiera escalón a escalón en este deporte que tanto nos apasionaba a los dos.

Compartíamos alegrías y penas, que también las hubo; fueron años en los que celebrábamos las victorias en los campeonatos, siempre unidos. Hoy sé que ya no estará el bueno de Mario. Es muy triste su ausencia.

En el año 2007 una bacteria invadió su cuerpo y lo hizo entrar en coma. Fueron unos meses duros para quienes lo queríamos. Manteníamos la esperanza de que se recuperara y yo fui todos y cada uno de los días que estuvo en coma, para aprovechar las dos horas que nos permitían estar con él, y le hablaba, con la ilusión de que me estaba escuchando. Le daba ánimos, le decía que no podía marcharse y dejarnos solos, que yo quería que siguiera entre nosotros.

A lo mejor me escuchó porque se recuperó y volvió con fuerza. Una entereza que mantuvo hasta este 19 -9-2022, funesto día en el que le llegó su última hora.

Ahora sí que te fuiste para descansar eternamente, amigo mío. Tal vez ahora me hables tú desde esa dimensión en la que estás. No sé si voy a escucharte. Puede parecer que ahora soy yo el que está sumido en un coma profundo, pero seguro que sentiré tu presencia porque serás mi ángel de la guarda.

Nunca te olvidaré, amigo mío. Te tendré en mi pensamiento todos los días de mi vida, como te tuve siempre desde que te conocí, y algún día me reuniré contigo.

No he querido ir a decirte el último adiós, porque prefiero recordarte tal como eras, lleno de vida, con esa sonrisa perenne que asomaba a tus labios. Has sido un puntal en mi vida, que no habría sido la misma sin ti.

¡Hasta siempre, amigo Mario!

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