Publicamos una nueva entrega del blog del piloto grancanario Pablo Suárez, donde habla de la necesidad de un aprendizaje mínimo para poder tener una licencia federativa.
Nueva entrega
Italia, curvas… y una leyenda a mi derecha
Llevaba tiempo queriendo hacer el curso maestro del gran Vittorio Caneva.
Vittorio es el mayor referente en el mundo de los rallyes.
Empezó como piloto en los años 70, y lleva 35 años formando a los mejores del mundo sumando ya más de 30 títulos mundiales y europeos entre sus alumnos.
Pero lo que más destaca de él no es solo el currículum, sino su forma de enseñar.
No se guarda nada. Es exigente, sincero, y tiene una obsesión casi quirúrgica por los detalles.
No te perdona un milímetro.
Si frenas tarde, lo ve.
Si giras más de la cuenta, también.
Quiere que entiendas el coche, la carretera, y cómo unir ambas cosas trazando una línea perfecta. Porque para él, esa línea existe y solo hay una por carretera.
Como te imaginas impone mucho llevarlo a la derecha por las carreteras de Asiago.
Saber que va mirando cada volante que das, cada peso que mueves, cada centímetro que dejas sin aprovechar… es como rendir examen con el maestro de todos los maestros.
Todavía estoy aterrizando muchas de las cosas que aprendí, y algún coscorrón real que me llevé jajaja.
Pero sobre todo recuerdo que en una de las sesiones soltó una frase que me hizo viajar en el tiempo.
“Me gusta, siento las cuatro ruedas trabajar”
Y en ese instante me vi a mí, con 18 años recién cumplidos, recorriendo un tramo cerca de casa que a día de hoy sigue siendo de mis favoritos.
Al principio me peleaba con cada curva. Iba ‘colgado’ del volante, frenando tarde, las ruedas delanteras chillando, pidiendo clemencia.
Y salía pensando: “bueh… este coche no gira un carajo”.
Pero sin darme cuenta, con los meses, algo fue cambiando.
Conducía por ese mismo tramo.
Sin pensar, sin forzar, fluido, ligero y sin un solo chillido.
Y entendí lo que había pasado.
Había dejado de apoyarme solo en las ruedas delanteras para empezar a usar las cuatro.
Frenaba donde tocaba, trazaba más recto, usaba el volante lo justo. Y el coche respondía. Por fin sentía que todo el coche trabajaba a mi favor.
Esa es la diferencia real. Usar dos ruedas… o usar las cuatro.
Y no hace falta ir a fondo para notarlo.
Así que la próxima vez que estés conduciendo pregúntate: ¿sientes las cuatro ruedas trabajar?
Porque cuando lo sientes, lo sabes. Y cuando lo sabes, estás un paso más cerca de conducir de verdad.
Y si aún no lo sientes, tranquilo. Se puede entrenar. Y para eso estamos por AQUÍ.
¡Echa por lo negro!
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