Sebastien Loeb correrá el Dakar de nuevo con un Peugeot 3008 DKR, aunque en esta ocasión no será oficial, como las dos campañas pasadas, por lo que estará dentro del equipo privado PH-Sport.
Todas las apuestan dan a los Mini oficiales de Carlos Sainz, Stephane Peterhansel y Cyril Despres, además de los Toyota de Nasser Al-Attiyah y Giniel de Villiers como los grandes candidatos al triunfo, pero el galo podría ser la gran sorpresa: «Tenemos que afrontar la carrera con humildad, teniendo en cuenta que el objetivo es acabar y no quedar atrapados», dijo de entrada.
Junto a su copiloto Daniel Elena se adentrarán en las dunas peruanas, donde “puedes ganar dos minutos, pero también puedes perder fácilmente casi una hora al cometer pequeños errores”.

Cree que los que tienen que es “tomarnos nuestro tiempo porque tenemos un coche que no nos permite disminuir la velocidad en las dunas”, porque “nos quedaríamos atascados”, por lo que “tenemos que mantener el impulso y el proceso con decisión”, aunque es consciente de que “no siempre es fácil y este punto nos falta”, por lo que es “difícil para mí”.
Poder correr el Dakar de manera privada es “una iniciativa mía”, pero “también es un desafío ligeramente diferente. Nos enfrentamos a las cosas a nuestra manera, no tenemos el apoyo de una fábrica sin límites y sus ventajas. Aquí estamos más relajados porque no pudimos prepararnos como lo hicimos en el pasado. Es diferente, pero tengo la experiencia del pasado que nos ayudará a incrementar el ritmo».

Cuestionado sobre la posibilidad de verlo pelear por la victoria, se sinceró «Honestamente, me resulta difícil predecir una carrera como esta ya que estaré pilotando un coche de hace dos años y no tengo idea del nivel de este coche en comparación con los vehículos oficiales. Con un recorrido como el de este año, con etapas de 350 km compuestas al 100% de arena, será realmente aleatorio», concluyó.

