Si hubiera que explicar todo lo vidido durante estos 8 días no termino nunca. En resumidas cuentas, durante el segundo tramo del Rally de Maspalomas tocamos una piedra de grandes dimensiones que nos destroza el cubrecarter y el soporte de la caja de cambios. A pesar de ello sobrevivimos como podemos para subirnos al tercer escalón del podio de la Copa Nissan Micra.
Tras unos días locos para poder llegar a tiempo al Rally de Teror con todos los daños reparados, lo conseguimos el jueves a última hora.
Teniendo matemáticamente garantizado el tercer puesto del campeonato, decidimos salir a divertirnos, con neumáticos usados de otras carreras para ahorrar costes, y con la idea de despedirnos de la Copa Nissan Micra de la mejor forma posible.
Tras la primera sección nos colocamos líderes de la copa, y de ahí hasta el final del rally seguimos con la misma mentalidad: correr y divertirnos, pero con cabeza.
Y así fue, llegamos a meta, donde afloraron las emociones, y nos hicimos con nuestra primera y última victoria en la Copa Nissan Micra. Tanto lo soñamos que lo conseguimos. No podíamos marcharnos sin ganar, no queríamos.
Puede haber gente que piense que ganamos porque algunos de nuestros compañeros tuvieron problemas de fiabilidad con los palieres, exactamente en el mismo punto. Ante eso, compartiré una reflexión.
Entrenando para este rally, mi copiloto,
Samuel Tejera, exactamente en esos dos cruces del tramo de Artenara, siempre me insistía: «Miguel, tenemos que pasar por aquí como si es a 1km/h, sin ningún riesgo, aquí va a haber problemas con los palieres».
Y así fue. En un deporte en el que los copilotos son tan duramente castigados cuando cometen errores, y en el que son injustamente relegados a un segundo plano de atención mediática, yo lo digo hoy bien claro: nuestra victoria no fue por demérito de los demás, fue gracias al gran análisis y habilidad de Samuel Tejera. Lo intuiste, y como tantas y tantas veces durante estos dos años, acertaste de pleno.