Hay momentos en este deporte que ponen a prueba mucho más que la mecánica. Ponen a prueba la ilusión, la paciencia y las ganas de seguir luchando.
Después de semanas de sacrificio, de tener que comprar una piñonería completa para la caja de cambios y de superar un sinfín de obstáculos que parecían no tener fin, por fin conseguimos estar en la Subida Montaña Alta. Detrás de esa salida había muchas horas de trabajo, esfuerzo, preocupaciones y el apoyo de quienes siempre están a nuestro lado. Pero el automovilismo, a veces, es así de duro.
En la segunda manga de entrenamientos el motor empezó a quedarse sin fuerza. Un sonido que ninguno queríamos escuchar volvió a hacerse presente. En ese instante supimos que la historia se repetía. Igual que en Teror hace dos años, el motor nos dejaba fuera de carrera, una vez más.
Es muy difícil explicar la sensación que se queda cuando ves cómo tanto trabajo desaparece en unos segundos…
Sinceramente, ahora mismo no sabemos qué hacer. Hemos dado todo lo que está en nuestras manos para sacar este proyecto adelante, pero parece que, por una razón u otra, este coche no nos deja disfrutar de lo que más queremos: terminar una prueba.
Y duele, porque este no es un coche cualquiera. Es el coche de nuestros sueños. Un sueño construido con esfuerzo, sacrificios y muchísima ilusión. Por eso cada abandono pesa el doble.
Aún así, queremos dar las gracias a todas las personas que nos ayudan, nos animan y siguen creyendo en nosotros incluso cuando las cosas salen mal. Sin ustedes, este camino habría terminado hace mucho tiempo.
Hoy toca asimilar otro golpe, levantar la cabeza y decidir cuál será el siguiente paso. No sabemos cuándo volveremos, ni cómo, pero sí sabemos que, mientras nos queden fuerzas, seguiremos luchando por cumplir este sueño.